Síndromes geriátricos

Son un conjunto de cuadros, que se originan en la conjunción de un conjunto de enfermedades en el anciano, y que originan incapacidad funcional o social.

Son cuatro síndromes: inmovilidad, inestabilidad – caídas, incontinencia urinaria y deterioro cognitivo.

También se les llama los 4 gigantes de la gerontología, y tienen una serie de factores comunes:

  • Son muy frecuentes y tienen una gran incidencia en las personas mayores de 65 años, y más aún cuando estas son mayores de 80 años.
  • Empeoran la calidad de vida de las personas, haciéndolas más dependientes y reduciendo su autonomía. También necesitan mayor asistencia sanitaria y apoyo social, lo que motiva a la institucionalización del anciano y al aislamiento social del mismo sino se cubren.
  • Se puede prevenir su aparición y se pueden tratar de manera práctica si son diagnosticados de manera precoz.
  • Su abordaje diagnóstico y terapéutico requiere valoración integral, abordaje interdisciplinario y correcto uso de los niveles asistenciales.

Inmovilidad

Es la restricción involuntaria en la capacidad de transferencia y/o desplazamiento de una persona a causa de problemas físicos, funcionales o psicosociales.

Es un problema muy frecuente que afecta a prácticamente la mitad de las personas mayores de 75 años.

Los problemas de movilidad son causados por diversos motivos: enfermedades osteoarticulares o cardiovasculares,  trastornos neuropsiquiátricos como demencias, obstáculos físicos, hospitalización, aislamiento, orden médica o por los fármacos.

Como se comentó antes, la prevención y un correcto tratamiento puede mejorar la calidad de vida de estas personas.

Además la prevención es el mejor tratamiento.

Por ello las personas diagnosticadas con alguna enfermedad que afecte al sistema muscular, articular, cardiovascular o neurológico deberán mantener un nivel de actividad adecuado y, si fuera necesario, realizar fisioterapia o terapias ocupacionales.

También es importante educar a las personas sobre la importancia de realizar un ejercicio físico adecuado, los efectos de los medicamentos que se están tomando, como y cuando realizar cambios posicionales y sobre las ayudas técnicas existentes para la movilización.

Son varias las consecuencias de este síndrome:

  • Rigidez articular y contracturas musculares, así como debilidad muscular.
  • Retención urinaria y estreñimiento.
  • Úlceras por presión.
  • Trombosis venosa y arterial.
  • Infecciones respiratorias.
  • Deshidratación e hipotermia.
  • Síndrome confusional y depresión.
  • Desnutrición.
  • Inestabilidad y caídas.

Todo esto conduce al aislamiento social y a una pérdida de depencia por parte de la persona, que suele terminar con la institucionalización.

Inestabilidad y caídas

La caída es la precipitación involuntaria y repentina al suelo, y que puede ocasionar pérdida de conciencia.

Varios factores conducen a este síndrome: enfermedades cardiovasculares, osteoarticulares y neuropsiquiátricas, elementos externos como barreras arquitectónicas, calzado, desorden, etc… y los efectos secundarios de los fármacos con los que la persona está siendo tratada.

Para prevenir las caídas de manera que no se altere mucho el entorno y la independencia de los ancianos se pueden llevar a cabo una serie de medidas:

  • Informarse de los efectos de la medicación que se está tomando.
  • Prestar atención a los pies en los desplazamientos.
  • Usar gafas si estas son necesarias.
  • El calzado usado debe ser cómodo, con poco tacón y amplia superficie, y adecuado a la actividad que se va a realizar.
  • Evitar que la ropa arrastre por el suelo usando la talla adecuada.
  • Tomarse el tiempo necesario para incorporarse de la cama, silla o sillón.
  • Hacer ejercicio físico adecuado a cada persona y seguir una dieta equilibrada.
  • En el caso de que se haya caído, es conveniente comenzar a realizar las actividades de la vida diaria tan pronto como sea posible.
  • Acudir al médico cuando se produzca una caída, ya que esta caída pudo ser originada por una enfermedad de base.

Este síndrome tiene una serie de consecuencias en las personas mayores, que se pueden clasificar en dos grupos: inmediatas y a largo plazo.

Dentro de las primeras tenemos:

  • Fracturas y lesiones en partes blandas. Lo más común es la rotura de cadera, las costillas, las muñecas, el fémur y el húmero.
  • Estadísticamente en aproximadamente la mitad de las caídas los ancianos tienen dificultad para levantarse, y de esa mitad, el 10% permanece en el suelo más de una hora tras la caída. Obviamente esta situación conlleva o puede conllevar consecuencias: deshidratación, infecciones y trastornos psicológicos.

Con consecuencias a largo plazo nos encontramos:

  • Limitación funcional que puede llevar a la inmovilidad.
  • Síndrome postcaida, que implica en la persona una disminución en la confianza en si mismo por miedo a volver a caer.
  • Restricción de la deambulación, lo que puede llevar al aislamiento de la persona.

Incontinencia urinaria

Es la pérdida involuntaria de orina. Se trata de un problema muy frecuente, y que es causa de aislamiento social, a la vez que genera gran dependencia.

Diversos factores conducen a este síndrome.

 La incontinencia transitoria puede ser debida a: infecciones genitourinarias, estados confusionales y alteraciones psicológicas, efectos del tratamiento médico, movilidad limitada o impactación fecal.

La incontinencia persistente puede ser originada por: lesiones medulares, debilidad del suelo pélvico, incompetencia del esfínter uretral, vejiga acontráctil, hipertrofia prostática, deterioro cognitivo u otras causas funcionales.

A modo preventivo se pueden seguir una serie de pautas:

  • Realizar actividad física regular.
  • No ingerir líquidos desde media tarde si se tienen problemas de micción nocturna.
  • Evitar el estreñimiento y la impactación fecal.
  • Tener un baño accesible y con iluminación suficiente.
  • Tener un orinal por si no da tiempo a ir al baño.
  • Evitar el empleo de hipnóticos, sedantes y diuréticos.
  • Especialmente se debe adiestrar a mujeres con partos múltiples y partos vaginales en ejercicios de suelo pélvico.

Para este síndrome también hay tratamiento si se dispone de un diagnóstico adecuado. Estos  pueden ser farmacológicos, ejercicios de fortalecimiento o cirugía, dependiendo del tipo de incontinencia. Para personas que no se pueden someter a cirugía, y a fin de evitar el aislamiento social existen métodos paliativos como colectores, etc…

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Deterioro cognitivo

Es una pérdida o reducción, de manera temporal o permanente, de varias de las funciones mentales superiores, que anteriormente se conservaban intactas.

Este síndrome se puede manifestar como síndrome confusional agudo o con demencias, aunque también con un deterioro cognitivo asociado a la edad, etc…

El deterioro cognitivo tiene consecuencias especialmente en los estados más avanzados:

  • Ansiedad, depresión e insomnio.
  • Reducción de la movilidad y caídas.
  • Incontinencia y riesgo de infecciones.
  • Aislamiento social y alteraciones de la conducta.
  • Reducción de la autonomía para realizar las actividades básicas de la vida diaria, lo que lleva a un mayor estrés para el cuidador y un mayor gasto de los recursos socio sanitarios, terminando con institucionalización de la persona.

Existen muchos tratamientos, que van desde la terapia ocupacional hasta psicofármacos. Sin embargo, siempre decimos que el mejor tratamiento es una buena prevención. Por ello, cuando se padezca deterioro o demencia en las primeras fases es importante intentar conservar las capacidades mentales mediante terapias, juegos, ejercicios de memoria, etc…

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En las formas más agudas de deterioro cognitivo se recomienda minimizar el uso de los fármacos causantes de este cuadro, mantener la homeostasis del medio interno en pacientes con graves enfermedades, facilitar presencia familiar, asegurarse que dispone de las ayudas habituales (gafas y audífonos) y modificar el entorno adaptándolo a unas condiciones favorables para el paciente de avanzada edad.

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